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LA MEJORANA, UNA ENOJOSA REUNION
Por: Maria Teresa Villaverde Trujillo
ashiningworld@cox.net |
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«No habrá dolor, humillación, mortificación, contrariedad, crueldad, que yo no acepte en servicio de mi Patria» (José Martí)
"Junta de la Mejorana”
Importante entrevista la
cual tuvo lugar el 5 de mayo de 1895 en el Ingenio “La Mejorana”, cerca
del poblado Dos Caminos, localizado en las márgenes de los
no-caudalosos ríos Guaninicún y el Ullao, -uno de los tres asentamientos
del municipio San Luis-, en la zona oriental de Cuba. Obra del cubano Juan Emilio Hernández Giro. Allí se reunieron José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo aunque de esa entrevista no hay evidencia histórica exacta pero sí que se trataron distintos temas entre ellos el relacionado a los cargos que desempeñaría cada uno de las tres principales figuras de la guerra justa y necesaria: Máximo Gómez –general en jefe-; Antonio Maceo –lugarteniente general- y José Martí –Delegado del Partido Revolucionario Cubano- insistiéndose además en que el Apóstol debía retornar a New York a contribuir a la guerra desde el exterior; a lo que el Delegado fuertemente se oponía, no al menos hasta después de la Asamblea de los representantes del pueblo en guerra, en la provincia de Camagüey. Se mantuvo conversación sobre la futura organización del gobierno de la Republica en Armas y se sabe que durante la entrevista hubo diversos criterios entre Martí y Maceo ya que mientras el Delegado propugnaba la formación de un gobierno civil, Maceo era partidario de una junta militar, de generales con mando total y absoluto. En el Diario del Apóstol aparece anotadas, -ese mismo día- de punto y letra del patriota, algunos detalles de aquel encuentro. Vestía Martí en la manigua como lo detalla Rafael Esténger en su libro “Vida de Martí”, con pantalón y chamarreta azul, sombrero negro y alpargatas, y de las bocamangas azules, con el anillo de hierro, emergían pálidas y suaves las manos de artista... Encontramos anotadas por el Delegado: “ ...De pronto, unos jinetes. Maceo, con un caballo dorado, en traje de holanda gris: ya tiene plata la silla, airosa y con estrellas.” “..Salio a buscarnos, porque tiene a su gente de marcha al ingenio cercano; a Mejorana va Maspon a que adelanten almuerzo para cien. El ingenio nos ve como de fiesta: a criados y trabajadores se les ve el gozo y la admiración-, el amo, anciano colorado y de patillas, de jipijapa y pie pequeño, trae Vermouth, tabaco, ron, malvasía/ ...Va y viene el gentío...” “...Maceo y Gómez hablan bajo, cerca de mi: me llaman a poco, allí en el portal, que Maceo tiene otro pensamiento de gobierno: una junta de los generales con mando, por sus representantes, y una Secretaria General: -la patria, pues, y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejército, como Secretaría del ejército.
(Desconozco el nombre del autor de esta imagen)
“Nos vamos a un cuarto a
hablar. No puedo desenredarle a Maceo la conversación: “¿pero usted se
queda conmigo o se va con Gómez?”. Y me habla, cortándome las palabras,
como si fuese yo la continuación del gobierno leguleyo y su
representante. Lo veo herido...” Y Maceo declara abiertamente su poca simpatía por el Delegado; quizás desde aquel lejano tiempo cuando el Apóstol rehusó unirse a ellos en el intento de un nuevo levantamiento con cariz militar. Además, Maceo estaba disgustado por la decisión de Marti de encargar a Flor Crombet los preparativos de la embarcación que traería a los Maceo y al mismo Flor, desde Centro América a Cuba. Maceo pedía una fuerte suma de dinero que los fondos de la revolución no podía ofrecerle, y a Flor le era factible hacerlo con una menor cantidad monetaria. Así le expresó Antonio Maceo al Apóstol y este anotó en su Diario: “...lo quiero menos de lo que lo quería - por su reducción a Flor en el encargo de la expedición, y gastos de sus dineros...” Y Maceo reitera nuevamente: “dentro de 15 días estarán con usted- y serán gentes que no me las pueda enredar allá el Doctor Martí”. Mas tarde, el Delegado vuelve anotar en su Diario: “...En la mesa, opulenta y premiosa, de gallina y lechón, vuélvese el asunto: me hiere y me repugna: comprendo que he de sacudir el cargo, con que se me intenta marcar, de defensor ciudadanesco de las trabas hostiles al movimiento militar. Mantengo, rudo: el ejercito, libre, -y el país, como país y con toda su dignidad representado. Muestro mi descontento de semejante indiscreta y forzada conversación, a mesa abierta, en la prisa de Maceo por partir. Que va a caer la noche sobre Cuba, y ha de andar seis horas. Allí cerca, están sus fuerzas: pero no nos lleva a verlas: las fuerzas reunidas de Oriente, Rabí, de Jiguaní, Busto de Cuba, las de José, que trajimos. A caballo, adiós rápido...” “...y así, como echados, y con ideas tristes, dormimos.” Tanto Gómez como Martí tuvieron que pernoctar en un rancho abandonado, en la zona fangosa de Banabacoa; y tal como lo hizo el Apóstol, confirmado quedó en el Diario de Campaña del Generalísimo: "Después y como a eso de las cuatro de la tarde nos condujo a las afueras del campamento, en donde pernoctamos solos y desamparados, apenas escoltados por 20 hombres bisoños y mal armados.” Posiblemente, así echado y triste pensaría Martí en los controversiales encuentros con Gómez y Maceo –ambos militares- cuando en 1884 él se negó formar parte en una revolución militar para libertar a Cuba, y Martí fue humillado y mal entendido en su forma de pensar en cuanto a un nuevo gobierno en la Republica de Armas y en la futura Republica de Cuba, libre y soberana, porque pensaba el Apóstol que: “En la hora de la victoria, sólo fructifican las semillas que se siembran en la hora de la guerra....” Posiblemente, así echado y triste pensaría Martí en aquella vez -en 1885-, cuando recibió invitación de los cubanos de Filadelfia para que hablara en el acto patriótico del 10 de Octubre. En la carta declinando la invitación, muestra de nuevo su recto proceder y sus sólidas convicciones políticas: “...Tan ultrajados hemos vivido los cubanos, que en mí es locura el deseo, y roca la determinación, de ver guiadas las cosas de mi tierra de manera que se respete como a persona sagrada la persona de cada cubano, y se reconozca que en las cosas del país no hay más voluntad que la que exprese el país, ni ha de pensarse en más interés que en el suyo...” Las anotaciones de José Martí en su Diario, correspondientes al día 6 de mayo, -siguiente día de la reunión en La Mejorana-, desaparecieron tras la muerte de José Martí en la batalla de Dos Ríos. Se supone que Máximo Gómez las arrancó del Diario del Delegado, porque fue el Generalísimo la persona que tuvo en su poder ese documento martiano. Ahí, por supuesto, estaba narrada la conversación y las discusiones mantenidas entre Gómez, Martí y Maceo. Para el Apóstol –en los momentos después de la entrevista en La Mejorana- solo valía continuar la marcha hasta poder hacer efectiva la próxima reunión en Camaguey. Porque como dice el historiador cubano Pedro Roig en su libro “La Guerra de Martí” refiriéndose al carácter del Delegado: “No había heridas que no sanaran, ni desaires que no superara, ni impertinencias que no perdonara. Una vez mas, Martí demostraba su enorme caudal de humana comprensión y patriotismo.” TOMADO DE: http://www.lanuevanacion.com/articles.aspx?art=1045 | |
Es un blog dedicado devotamente a divulgar el pensamiento martiano dentro del contexto de la Cuba de hoy sometida a la más férrea y totalitaria dictadura, la impuesta por el clan Castro, y denunciar al mundo la falacia y el mentís que en Cuba se materializa el sueño martiano.
jueves, 28 de marzo de 2013
sábado, 26 de enero de 2013
160mo. aniversario de su nacimiento
El legado de José Martí
TEXTO EXTRAÍDO DE EL NUEVO HERALD
http://www.elnuevoherald.com/2013/01/26/v-fullstory/1393334/el-legado-de-jose-marti.html
No existe una figura que gravite más en la Historia de Cuba que
José Martí. La República le levantó un altar, ante el cual le rindieron
culto políticos, intelectuales y artistas. El castrismo lo designó autor
intelectual del asalto al cuartel Moncada, lo colocó junto a Marx,
Engels y Lenin, y espulgó su obra en busca de aval, muleta y ornamento….
Grande también ha sido el impacto de su nombre e imagen en el ámbito de las historias de vida y la cultura popular: la verbena martiana, la canastilla martiana, la cena martiana, el busto ubicuo, el rincón martiano, el teatro Martí, la calle y parque Martí de tantos pueblos de la isla, las frases sentenciosas (al estilo de “Ser cultos para ser libres”), los versos sencillos, La niña de Guatemala, Los zapaticos de rosa, los cantos escolares (“La calle de Paula quiere florecer…”), los desfiles del 28 de enero, el billete de un peso, Santo de América, el Apóstol, el Maestro, las portadas de Bohemia y Carteles, la Fragua Martiana, La Rosa Blanca del Indio Fernández, la Plaza Cívica, “Como lo soñó Martí” en la voz de Orlando Vallejo, la Plaza de la Revolución, el serial “En silencio ha tenido que ser”, los poemas de Martí cantados por Amaury Pérez, Páginas del Diario de José Martí, de José Massip, el humor popular de “Viví en el monstruo y cómo se le extraña”, las Obras Completas en 26 volúmenes del Centro de Estudios Martianos, las jornadas martianas, El ojo del canario, de Fernando Pérez, Radio Martí… No, Martí no debió de morir.
Una obra literaria impresionante (novela, ensayo, poesía, oratoria, periodismo…) a sus 42 años, el Partido Revolucionario Cubano, la guerra de independencia de 1895 y una muerte heroica de cara al sol. Sin embargo, a 160 años de su nacimiento —28 de enero de 1853—, cabe preguntarse: ¿tiene vigencia su ideario, su ejemplo? ¿Nos sirve aún José Martí como inspiración? ¿Cuál sería su lugar en una Cuba democrática? ¿Cuál es, en fin, el legado de José Martí?
Cinco intelectuales cubanos responden a estas preguntas.
JOSE MARTÍ: ADELANTADO A SU TIEMPO
José Martí fue un hombre superior y multifacético. Profesores, periodistas, prosistas, poetas, críticos literarios, traductores y políticos por igual reclaman para sus respectivos campos su mayor grandeza.
Su legado más significativo, a mi juicio, es como poeta, si consideramos no solamente los versos que escribió —contribución clave al modernismo— sino su actitud vital, su capacidad de imaginar el futuro. Recordemos que en la antigüedad se denominaba a los poetas, vates, es decir, adivinadores.
Martí previó la necesidad de sus compatriotas de nutrirse de un mito fundacional. Cada acto de su vida y su propia muerte apuntan a la creación consciente de ese mito. Durante el último medio siglo los cubanos hemos vivido dolorosamente divididos, pero pese a lecturas contradictorias y a menudos falsificadores, todos coincidimos en honrar al Apóstol.
Martí supo asimismo presagiar la integridad latinoamericano, aún en formación en el siglo XXI. Su periodismo es el mejor testimonio de su creencia en un diálogo Norte-Sur. El universalismo de sus temas y su talente cosmopolita se adelantan a la globalización de la que hoy somos testigos.
Fue un precursor de la trascendencia de los derechos humanos, que no fueron reconocidos mundialmente hasta 1948, más de medio siglo después de su muerte. En especial, se anticipó a la necesidad de respetar a las minorías étnicas, como expresa en esta frase de su ensayo “Mi raza” de 1893: “El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos”.
Uva de Aragón
EL LEGADO DE JOSE MARTI
Hace 118 años que José Martí murió en Cuba. Sólo tenía 42 cuando cayó abatido en combate. ¿Cuál fue su legado? Como escritor, una valiosísima obra compuesta con tres millones de palabras, en la que se destaca, en primer lugar, el cronista. Martí es un extraordinario narrador de lo cotidiano. Sus Escenas norteamericanas son un lujo del lenguaje. Una maravilla. En segundo lugar, es un buen poeta. Un buen poeta popular cuando rima en composiciones cortas, como en sus Versos sencillos, y un buen poeta cuando explora otras formas más cultas y elitistas. En aquella vieja polémica sobre si era o no modernista, pienso, como creía Juan Marinello, que esa estética le era ajena. Pero da igual: lo importante es que era un buen poeta. En tercer lugar, rescataría sus cartas. Si existe el género epistolar, Martí es el gran maestro.
Vayamos a la política. ¿Qué nos dejó? Un esfuerzo bélico, iniciado por él, que, a trancas y barrancas, acabó por parir la independencia. ¿Qué tenía en mente? Pues más o menos lo que sucedió en 1902: el surgimiento de una república constitucionalista en la que, al menos teóricamente, se respetaban los derechos individuales, tal y como consignaron los redactores de la Constitución de 1901. Martí no pretendía nada distinto. No era un marxista como Carlos Baliño. No era un positivista como Justo Sierra. Era un demócrata jeffersoniano. Un liberal de su época. Por eso no perdió un minuto de su vida y de su obra describiendo una visión ideológica radical y distinta. Es triste que la clase política lo echara todo a perder.
Carlos Alberto Montaner
EL OFICIO DEL DEBER
Es improbable que fuera del prócer cubano José Martí, haya habido alguien que asentara tan tempranamente en sus escritos un caudal temático de amor, patriotismo, ética, cultura, humanismo, conjugado con la obra pragmática de liberar a su Patria. Sin embargo, sorprende la ausencia de datos íntimos de una niñez que lo señala como único y primogénito varón seguido de siete hermanas, instancia que marcó una fuerte inclinación a la responsabilidad.
Fue deberle a todo y a todos algo desde pequeño: a su madre Leonor el apoyo en la brega diaria con las niñas —“vivo montado en un relámpago”—, el compartir la angustia familiar ante el dolor o la enfermedad —“soy la perenne angustia de mi mismo”—, y el soportar en nombre del deber, la inclemente disciplina impuesta por un padre de profesión militar cuyo rigor lo condujo a procurar auxilio emocional en su mentor Rafael Mendive, sin menoscabo del amor filial.
Pero esa condición fue su tortura y regocijo, encontró en sí mismo la constante capacidad de amar al prójimo y al extraño. Y desde esa altura entendió la posición que la naturaleza humana puede adoptar. Por eso amó al español por encima de la férula colonial, a Maceo, patriota más allá del militar, a Carmen Zayas Bazán soslayando su rencor femenino, a sus discrepantes compatriotas Enrique Collazo y Flor Crombet. En ósmosis con su conciencia pautó los senderos hacia una Cuba Libre y fusionando la Patria y el deber como bandera, le ofreció su vida llevando la estrella en la frente y la disposición de pulverizar el yugo.
Rosa Leonor Whitmarsh
JOSÉ MARTÍ Y “NUESTRA AMERICA”
Quizás sea éste el momento de reconocer que aquella “nuestra América” postulada por José Martí en 1891, y reformulada por otros pensadores hispanoamericanos, no ha existido nunca, ni como entidad ni como concepto, y que la frase sólo alude a un ideal que impulsó a hombres y a mujeres excepcionales, nacidos y muertos en una época que ya brilla ante nuestros ojos con la magia de la literatura y de la historia. Pero, tal vez, la voz de Martí aún tenga algo —o hasta mucho— que decirnos, sobre todo si reconocemos en ella una sensatez práctica que parece ajena al fuego romántico de su discurso, pero que lo equilibra y le da gravidez en su permanente llamado a la independencia y a la integración: “Lo que el americanismo sano pide es que cada pueblo de América se desenvuelva con el albedrío y propio ejercicio necesarios a la salud (…), sin dañarle la libertad a ningún otro pueblo”.
Este “americanismo sano” sería un valladar contra el optimismo idealizado e idealizante de unos, contra el pesimismo autocrítico de otros, y contra el pragmatismo simplificador de los demás. Pero, sobre todo, contra esa doble corriente de recriminaciones y desconfianza que se ha establecido entre las que él llamó, respectivamente, “nuestra América” y “la América que no es nuestra”, las dos mitades de un continente en crisis que, hoy más que nunca —parafraseando a Martí—, han de salvarse o destruirse mutuamente.
Emilio de Armas
MARTÍ: PARADIGMA Y EXCEPCIÓN
Para Cuba, José Martí es tanto el paradigma como la excepción: el líder político que lanza la lucha independentista bajo una plataforma de participación popular, con plena integración de los negros y mulatos; el patriota que logra organizar la insurrección en el exilio y que crea las bases de un cabildeo eficaz en Washington; el escritor que abandona la labor literaria por la lucha armada, para en esos momentos realizar el Diario de Campaña, que es su mejor libro; el guía que concibe la lucha con astucia y sagacidad, y luego se lanza al combate y muere con inocencia torpe; el intelectual que hace estallar el molde de la espera y la lucubración teórica, y emprende una febril labor conspirativa; el héroe que desde su muerte nos entregan todos los días, en forma de molde estrecho, y que en realidad es una figura escurridiza como pocas. El luchador como mito; la nación arquetípica que no se realiza.
De su ideario nos quedan los pensamientos en los que lo luminoso de la palabra deslumbra y dificulta el análisis, también los lugares comunes que nos parecen únicos por lo ejemplar de la escritura. La nación ideal martiana no es más que la mistificación de varios de sus pensamientos, muchos valiosos, otros simplemente bonitos, que constituyen una obra abierta y víctima de tergiversaciones.
Parte de la genialidad de Martí fue agrupar en una sola persona al pensador y al hombre de acción. Su grandeza es a la vez su tragedia.
Alejandro Armengol
Uva de Aragón es escritora y subdirectora del Cuban Research Institute de Florida International University; Carlos Alberto Montaner es escritor y periodista; Rosa Leonor Whitmarsh es periodista y profesora del Miami Dade College; Emilio de Armas es escritor y traductor; Alejandro Armengol es escritor, director editorial de Cubaencuentro y columnista de El Nuevo Herald.
Agradecemos la colaboración de la Biblioteca Hispánica de la Pequeña Habana.
Grande también ha sido el impacto de su nombre e imagen en el ámbito de las historias de vida y la cultura popular: la verbena martiana, la canastilla martiana, la cena martiana, el busto ubicuo, el rincón martiano, el teatro Martí, la calle y parque Martí de tantos pueblos de la isla, las frases sentenciosas (al estilo de “Ser cultos para ser libres”), los versos sencillos, La niña de Guatemala, Los zapaticos de rosa, los cantos escolares (“La calle de Paula quiere florecer…”), los desfiles del 28 de enero, el billete de un peso, Santo de América, el Apóstol, el Maestro, las portadas de Bohemia y Carteles, la Fragua Martiana, La Rosa Blanca del Indio Fernández, la Plaza Cívica, “Como lo soñó Martí” en la voz de Orlando Vallejo, la Plaza de la Revolución, el serial “En silencio ha tenido que ser”, los poemas de Martí cantados por Amaury Pérez, Páginas del Diario de José Martí, de José Massip, el humor popular de “Viví en el monstruo y cómo se le extraña”, las Obras Completas en 26 volúmenes del Centro de Estudios Martianos, las jornadas martianas, El ojo del canario, de Fernando Pérez, Radio Martí… No, Martí no debió de morir.
Una obra literaria impresionante (novela, ensayo, poesía, oratoria, periodismo…) a sus 42 años, el Partido Revolucionario Cubano, la guerra de independencia de 1895 y una muerte heroica de cara al sol. Sin embargo, a 160 años de su nacimiento —28 de enero de 1853—, cabe preguntarse: ¿tiene vigencia su ideario, su ejemplo? ¿Nos sirve aún José Martí como inspiración? ¿Cuál sería su lugar en una Cuba democrática? ¿Cuál es, en fin, el legado de José Martí?
Cinco intelectuales cubanos responden a estas preguntas.
JOSE MARTÍ: ADELANTADO A SU TIEMPO
José Martí fue un hombre superior y multifacético. Profesores, periodistas, prosistas, poetas, críticos literarios, traductores y políticos por igual reclaman para sus respectivos campos su mayor grandeza.
Su legado más significativo, a mi juicio, es como poeta, si consideramos no solamente los versos que escribió —contribución clave al modernismo— sino su actitud vital, su capacidad de imaginar el futuro. Recordemos que en la antigüedad se denominaba a los poetas, vates, es decir, adivinadores.
Martí previó la necesidad de sus compatriotas de nutrirse de un mito fundacional. Cada acto de su vida y su propia muerte apuntan a la creación consciente de ese mito. Durante el último medio siglo los cubanos hemos vivido dolorosamente divididos, pero pese a lecturas contradictorias y a menudos falsificadores, todos coincidimos en honrar al Apóstol.
Martí supo asimismo presagiar la integridad latinoamericano, aún en formación en el siglo XXI. Su periodismo es el mejor testimonio de su creencia en un diálogo Norte-Sur. El universalismo de sus temas y su talente cosmopolita se adelantan a la globalización de la que hoy somos testigos.
Fue un precursor de la trascendencia de los derechos humanos, que no fueron reconocidos mundialmente hasta 1948, más de medio siglo después de su muerte. En especial, se anticipó a la necesidad de respetar a las minorías étnicas, como expresa en esta frase de su ensayo “Mi raza” de 1893: “El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos”.
Uva de Aragón
EL LEGADO DE JOSE MARTI
Hace 118 años que José Martí murió en Cuba. Sólo tenía 42 cuando cayó abatido en combate. ¿Cuál fue su legado? Como escritor, una valiosísima obra compuesta con tres millones de palabras, en la que se destaca, en primer lugar, el cronista. Martí es un extraordinario narrador de lo cotidiano. Sus Escenas norteamericanas son un lujo del lenguaje. Una maravilla. En segundo lugar, es un buen poeta. Un buen poeta popular cuando rima en composiciones cortas, como en sus Versos sencillos, y un buen poeta cuando explora otras formas más cultas y elitistas. En aquella vieja polémica sobre si era o no modernista, pienso, como creía Juan Marinello, que esa estética le era ajena. Pero da igual: lo importante es que era un buen poeta. En tercer lugar, rescataría sus cartas. Si existe el género epistolar, Martí es el gran maestro.
Vayamos a la política. ¿Qué nos dejó? Un esfuerzo bélico, iniciado por él, que, a trancas y barrancas, acabó por parir la independencia. ¿Qué tenía en mente? Pues más o menos lo que sucedió en 1902: el surgimiento de una república constitucionalista en la que, al menos teóricamente, se respetaban los derechos individuales, tal y como consignaron los redactores de la Constitución de 1901. Martí no pretendía nada distinto. No era un marxista como Carlos Baliño. No era un positivista como Justo Sierra. Era un demócrata jeffersoniano. Un liberal de su época. Por eso no perdió un minuto de su vida y de su obra describiendo una visión ideológica radical y distinta. Es triste que la clase política lo echara todo a perder.
Carlos Alberto Montaner
EL OFICIO DEL DEBER
Es improbable que fuera del prócer cubano José Martí, haya habido alguien que asentara tan tempranamente en sus escritos un caudal temático de amor, patriotismo, ética, cultura, humanismo, conjugado con la obra pragmática de liberar a su Patria. Sin embargo, sorprende la ausencia de datos íntimos de una niñez que lo señala como único y primogénito varón seguido de siete hermanas, instancia que marcó una fuerte inclinación a la responsabilidad.
Fue deberle a todo y a todos algo desde pequeño: a su madre Leonor el apoyo en la brega diaria con las niñas —“vivo montado en un relámpago”—, el compartir la angustia familiar ante el dolor o la enfermedad —“soy la perenne angustia de mi mismo”—, y el soportar en nombre del deber, la inclemente disciplina impuesta por un padre de profesión militar cuyo rigor lo condujo a procurar auxilio emocional en su mentor Rafael Mendive, sin menoscabo del amor filial.
Pero esa condición fue su tortura y regocijo, encontró en sí mismo la constante capacidad de amar al prójimo y al extraño. Y desde esa altura entendió la posición que la naturaleza humana puede adoptar. Por eso amó al español por encima de la férula colonial, a Maceo, patriota más allá del militar, a Carmen Zayas Bazán soslayando su rencor femenino, a sus discrepantes compatriotas Enrique Collazo y Flor Crombet. En ósmosis con su conciencia pautó los senderos hacia una Cuba Libre y fusionando la Patria y el deber como bandera, le ofreció su vida llevando la estrella en la frente y la disposición de pulverizar el yugo.
Rosa Leonor Whitmarsh
JOSÉ MARTÍ Y “NUESTRA AMERICA”
Quizás sea éste el momento de reconocer que aquella “nuestra América” postulada por José Martí en 1891, y reformulada por otros pensadores hispanoamericanos, no ha existido nunca, ni como entidad ni como concepto, y que la frase sólo alude a un ideal que impulsó a hombres y a mujeres excepcionales, nacidos y muertos en una época que ya brilla ante nuestros ojos con la magia de la literatura y de la historia. Pero, tal vez, la voz de Martí aún tenga algo —o hasta mucho— que decirnos, sobre todo si reconocemos en ella una sensatez práctica que parece ajena al fuego romántico de su discurso, pero que lo equilibra y le da gravidez en su permanente llamado a la independencia y a la integración: “Lo que el americanismo sano pide es que cada pueblo de América se desenvuelva con el albedrío y propio ejercicio necesarios a la salud (…), sin dañarle la libertad a ningún otro pueblo”.
Este “americanismo sano” sería un valladar contra el optimismo idealizado e idealizante de unos, contra el pesimismo autocrítico de otros, y contra el pragmatismo simplificador de los demás. Pero, sobre todo, contra esa doble corriente de recriminaciones y desconfianza que se ha establecido entre las que él llamó, respectivamente, “nuestra América” y “la América que no es nuestra”, las dos mitades de un continente en crisis que, hoy más que nunca —parafraseando a Martí—, han de salvarse o destruirse mutuamente.
Emilio de Armas
MARTÍ: PARADIGMA Y EXCEPCIÓN
Para Cuba, José Martí es tanto el paradigma como la excepción: el líder político que lanza la lucha independentista bajo una plataforma de participación popular, con plena integración de los negros y mulatos; el patriota que logra organizar la insurrección en el exilio y que crea las bases de un cabildeo eficaz en Washington; el escritor que abandona la labor literaria por la lucha armada, para en esos momentos realizar el Diario de Campaña, que es su mejor libro; el guía que concibe la lucha con astucia y sagacidad, y luego se lanza al combate y muere con inocencia torpe; el intelectual que hace estallar el molde de la espera y la lucubración teórica, y emprende una febril labor conspirativa; el héroe que desde su muerte nos entregan todos los días, en forma de molde estrecho, y que en realidad es una figura escurridiza como pocas. El luchador como mito; la nación arquetípica que no se realiza.
De su ideario nos quedan los pensamientos en los que lo luminoso de la palabra deslumbra y dificulta el análisis, también los lugares comunes que nos parecen únicos por lo ejemplar de la escritura. La nación ideal martiana no es más que la mistificación de varios de sus pensamientos, muchos valiosos, otros simplemente bonitos, que constituyen una obra abierta y víctima de tergiversaciones.
Parte de la genialidad de Martí fue agrupar en una sola persona al pensador y al hombre de acción. Su grandeza es a la vez su tragedia.
Alejandro Armengol
Uva de Aragón es escritora y subdirectora del Cuban Research Institute de Florida International University; Carlos Alberto Montaner es escritor y periodista; Rosa Leonor Whitmarsh es periodista y profesora del Miami Dade College; Emilio de Armas es escritor y traductor; Alejandro Armengol es escritor, director editorial de Cubaencuentro y columnista de El Nuevo Herald.
Agradecemos la colaboración de la Biblioteca Hispánica de la Pequeña Habana.
Más de Séptimo Día
sábado, 3 de noviembre de 2012
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martes, 30 de octubre de 2012
El movimiento literario y artístico llamado el modernismo empezó en 1880 y duró hasta aproximadamente 1910. Los modernistas lograron una identidad literaria completamente nueva por rechazar lo convencional de los movimientos anteriores. En el nuevo sentido del << arte por el arte>>, el objectivo principal del modernismo era la pureza estética y la búsqueda por la belleza absoluta. La inspiración modernista derivó de la antiguedad greco-romana y del Lejano Oriente. El modernismo hispanoamericano se basó en las ideas de los parnasianos, que fundaron una escuela literaria durante la segunda mitad del siglo XIX que enfatizó la separación entre el arte y la política. Aunque esta división no se estableció completamente en Latinoamérica por los autores y activistas como José Enrique Rodó, el modernismo se enfoca por gran parte en el valor del arte misma y no el contenido social o político de la literatura.
Jefe honra, pintado por Alejandro Xul Solar, Argentina, 1923; Collection Marion & Jorge Helft, Buenos Aires
La primera fase y José Martí
Se dividió la época modernista hispanoamericana en dos fases principales. La primera se extendió de 1880 a 1910 y representó el fuerte deseo latinoamericano de liberarse literalmente y separarse ideológicamente del dominio español.
Muchos críticos consideran a José Martí como el iniciador del movimiento modernista. Su obra refleja la gloria de su patria cubana en vez de las cosas lejanas y exóticas que caracterizan la poesía de otros modernistas. Martí nació en La Habana y luchó por la independencia de Cuba por la mayoría de su vida. Por sus actividades subversivas Martí fue desterrado dos veces a España donde comenzó a escribir Versos libres y Flores del destierro, dos colecciones de poemas publicadas póstumamente. Aunque Martí escribió en un estilo muy personal y enfocó en muchos temas románticos como la libertad y el amor, se considera modernista por su gran afán de la belleza.
José Martí.
Poesía de Martí
Yo soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
y hacia todas partes voy:
arte soy entre las artes,
en los montes, monte soy.
Yo sé los nombres extraños
de las yerbas y las flores,
y de mortales engaños,
y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
llover sobre mi cabeza
los rayos de lumbre pura
de la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
de las mujeres hermosas:
y salir de los escombros,
volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre
con el puñal al costado,
sin decir jamás el nombre
de aquélla que lo ha matado.
Rápida, como un reflejo,
dos veces vi el alma, dos:
cuando murió el pobre viejo,
cuando ella me dijo adiós.
Temblé una vez- en la reja,
a la entrada de la viña,-
cuando la bárbara abeja
picó en la frente a mi niña.
Gocé una vez, de tal suerte
que gocé cual nunca: -cuando
la sentencia de mi muerte
leyó el alcaide llorando.
Oigo un suspiro, a través
de las tierras y la mar,
y no es un suspiro, -es
que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero
tome la joya mejor,
tomo a un amigo sincero
y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al águila herida
volar al azul sereno,
y morir en su guarida
la víbora del veneno.
Yo sé bien que cuando el mundo
cede, lívido, al descanso,
sobre el silencio profundo
murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano osada,
de horror y júbilo yerta,
sobre la estrella apagada
que cayó frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo
la pena que me lo hierre:
el hijo de un pueblo esclavo
vive por él, calla y muere.
Todo es hermoso y constante,
todo es música y razón,
y todo, como el diamante,
antes que luz es carbón.
Yo sé que el necio se entierra
con gran lujo y con gran llanto.-
Y que no hay fruta en la tierra
como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
la pompa del rimador:
cuelgo de un árbol marchito
mi muceta de doctor.
*<<Yo soy un hombre sincero. . . >>, José Martí; Texto y vida; Introducción a la literatura hispanoamericana ed. Bárbara Mujica, Fort Worth: Harcourt Brace Jovanovich College Publishers, 1992. (1) Malembo, The God of the Crossroads, 1943; pintado por Wifredo Lam, Cuba; Collection Mr. and Mrs. Joseph R. Shapiro, Oak Park, Illinois.
(2) Oque Orisi, 1944; pintado por Wifredo Lam, Cuba; Private Collection, New York.
La segunda fase y Rubén Darío
La segunda fase del modernismo comenzó en 1888 con la publicación de Azul, la pequeña colección de poemas y cuentos escrita por el nicaraguense Rubén Darío. Esta fase se caracterizó por la afirmación de una conexión entre Latinoamérica y España. El espíritu de panamericanismo que existió durante la primera fase se rompió por la intervención excesiva de los Estados Unidos en los asuntos nacionales de los paises latinoamericanos. Por su hostilidad hacia su vecino norteamericano estos paises se unieron para enfocar en los legados que habían heredado de su país maternal de España. Además del estilo tan original de Darío, se notan también la musicalidad y las imágenes exóticas y delicadas en los poemas de Azul. Sus obras más conocidas son Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905).
Poesía de Darío
El sueño de Doña Marina 2, 1977; pintado por Alberto Gironella, México; Centro Cultural/Arte Contemporáneo, la Ciudad de México.SonatinaLa princesa está triste. . . qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!-Calla, calla, princesa- dice el hada madrina,-
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!
*<<Sonatin>>a, de Prosas
profanas y otros poemas; Rubén Darío
TOMADO DE : http://home.wlu.edu/~barnettj/Holding/01/phillipsg/sigloXX_modernismo.htm
lunes, 29 de octubre de 2012
LENGUA Y ESTILO EN LA PROSA DE JOSÉ MARTÍ
Evarista Ramírez Lafont Teresa Beltán Vigó
evaristaramirez@yahoo.es
Estudiar a José Martí significa aprovechar una de las mejores oportunidades para la comprensión del proceso histórico y cultural, no solo de Cuba, sino de Latinoamérica. Los estudios sobre la literatura hispanoamericana y cubana señalan que, en las postrimerías del siglo XIX, más exactamente en su último tercio, se inicia en esta región del continente, un movimiento renovador en el campo de las letras, que se denominó “Modernismo”, y que alcanzó su más alto quilate en el campo de la poesía.
Esta voluntad de cambio, de búsqueda de nuevas formas de expresión, tuvo sus primeros brotes en varias naciones simultáneamente; algunas tienen el honor de haber sido las iniciadoras; y otras, el mérito de haberl elevado a su máximo esplendor los nuevos modos expresivos.
Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Ramírez Lafont y Beltán Vigó: Lengua y estilo en la prosa de José Martí, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, mayo 2009, www.eumed.net/rev/cccss/04/rlbv.htm
La pléyade de escritores que encabezan el movimiento modernista en Latinoamérica no es amplia; fueron solo siete autores, considerados como poetas y prosistas a la vez, y que representan a sus respectivos países en esa búsqueda de nuevos horizontes en la creación literaria. En este quehacer se incluye Cuba, pues en el Caribe no es amplia su repercusión. Los autores encargados de traer a la literatura de la región lo nuevo:
Cuba - Julián del Casal (1893)
Cuba - José Martí (1895)
México - Manuel Gutiérrez Nájera (1895)
Colombia - José Asunción Silva (1896)
Uruguay - Julio Herrera y Reissig (1910)
Nicaragua - Rubén Darío (1916)
México - Amado Nervo (1919)
Coincidentemente cuatro de ellos mueren en la última década del siglo. Cuba pierde sus voces mayores con la muerta de Martí y Julián del Casal; también Colombia sufre la ausencia de José Asunción Silva, y México, la de Manuel Gutiérrez Nájera. Después de 1896 solo tres países continúan el rumbo trazado por el Modernismo, único hecho cultural que logró invertir la dirección del influjo en la relación entre Europa y América.
Los críticos que se han ocupado del análisis de la creación literaria de José Martí, en los últimos treinta o cuarenta años, han demostrado que fue Martí el primero no solo en postular los principios de la nueva orientación estética que cambiaría el panorama de las letras en la América hispana, sino que, simultáneamente, ya venía introduciéndolos tempranamente en su práctica escriturar, durante el período de su estancia en México y Guatemala (1875- 1877). En esta etapa ya Martí exhibe una prosa rica y profunda por las ideas que expresa; pero, sobre todo, hermosa y auténtica por la forma de expresión que emplea para el tratamiento de cualquier tema de la realidad que lo rodea. Martí ya exhibe una prosa llena de vigor que se nutre de la dramática realidad de los pueblos del “sur del río Bravo”, y de la preocupación que tenía este intelectual, y político visionario, sobre el destino de estos pueblos en su relación con “el gigante de las siete leguas”.
Muestra de esa prosa renovada son sus crónicas periodísticas, escritas para la opinión pública hispanoamericana, a través de los órganos de prensa de mayor audiencia en la región:
La Opinión Nacional (Caracas)
La Nación (Buenos Aires)
El Partido Liberal (México)
La República (Honduras)
De 1881 son sus principales enunciados teóricos expresados, en primera instancia, en el segundo número de la Revista Venezolana, que fue fundada por él en ese año. En ella defendió el derecho que tienen los escritores de hacer uso del color, el simbolismo y la musicalidad, elementos que caracterizaron a la poesía francesa de la época y que él conocía muy bien.
1875 es el año en que, según el criterio general de los analistas de la obra martiana, Martí comienza a emplear en sus escritos, símbolos y colores de profunda connotación tales como: azul, blanco, oro, luz, porcelana, mármol, yugo, estrella, sol, etc. Como se puede observar, todos estos elementos nos llevan a evocar un campo semántico que tiene un vórtice, una idea central: la pureza, lo auténtico, lo incorruptible, lo resistente, lo hermoso; como lo es su propia ética y que van a ir marcando uno de los rasgos de su estilo propio.
El papel de Martí en ese renovación denominada Modernismo ha desatado muchas polémicas entre los estudiosos de su obra: Federico de Onís (1961), Juan Marinello (1965), Ángel Rama (1974), Roberto Fernández Retamar (1975) e Iván Schulman (1969), entre otros, y que, por razones obvia, no entraremos aquí en el análisis de los diferentes puntos de vista al respecto.
Lo que sí ha quedado claro es que la labor renovadora de Martí es de un alcance que va más allá de la literatura, se extiende a otras dimensiones de la sociedad: histórica política, ética, ideológica, educativa, etc. Para Martí el cambio que se necesitada no era solo de forma sino, sobre todo, de esencia. Por eso en 1881 escribirá: “…No habrá literatura hispanoamericana hasta que no haya Hispanoamérica”.(1)
Cómo llega José Martí a forjarse un estilo, una manera de escribir, que ha dado quehacer a sus lectores, tanto contemporáneos suyos como actuales.
La formación humanista que recibió José Martí, se inicia desde las enseñanzas de su maestro Rafael María Mendive y se van enriqueciendo hasta alcanzar sus títulos académicos, primero, de Bachiller, y luego, los de Licenciado en Derecho Civil y Canónico, y Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza (en el breve lapso de un año y medio (mayo de 1973- octubre de 1874). Tantos frutos en tan poco tiempo nos habla de su acelerado desarrollo intelectual y de su madurez en el aspecto intelectual. Esta formación le permitió adquirir una conciencia de la importancia que tiene el esmero en el uso del idioma, de la lengua, lo que sería en lo adelante, su principal arma para lograr los altos objetivos que se proponía.
Múltiples son las reflexiones que hizo José Martí sobre el uso de la lengua; muestras de ello son las siguientes:
“¡Oh!, la palabra, como viento que enciende, saca las llamas del espíritu al rostro (…) Mas la palabra tiene alas, y vuela caprichosa, y se entra en mundos ignorados e imprevistos”.(2)
“No hay como esto de saber de dónde viene cada palabra que se usa, y qué lleva en sí, y cuanto alcanza, ni hay nada mejor para agrandar y robustecer la mente que el uso esmerado y oportuno del lenguaje”.(3)
Martí tenía conciencia de lo difícil que resultaba su estilo al lector común; al respecto, expresó:
“(…) las sinuosidades de mi estilo, inevitables, por la armazón en que me ocurre el pensamiento”.(4)
Él mismo reconoce en estas palabras que su escritura es compleja, lo cual está dado, fundamentalmente, por dos factores que, en nuestro juicio, son los fundamentales: PRIMERO, la vastedad de su cultura que le permite establecer, constantemente, profusas relaciones intertextuales entre los más diversos campos del conocimiento, especialmente, la historia universal, la literatura y el arte; tres elementos que, integrados forman la base sustentadora de la amplia cultura que poseyó José Martí.
Martí contribuyó al aporte que hizo la América hispana a la lengua española, a partir de sus innovaciones y la legitimación de lo más puro de las raíces hispánicas, enriqueciéndolas con los elementos propios de la nueva realidad insurgente, de la América nuestra. Vivencias, conocimientos, motivaciones, emoción, y principios éticos profundos, están en la base de todo lo que escribió Martí en los diferentes géneros que cultivó: la crónica periodística, el ensayo, la poesía, la oratoria, el cuento, el teatro, la novela, el arte epistolar y, el apunte o notas ocasionales.
En la obra martiana se observa un estilo propio, inconfundible; cuando se lee una frase suya, una idea o una página entera, sobre cualquier tema, el lector entendido en la materia reconoce la presencia del Maestro, sin haber indagado antes sobre quién es el autor de lo que lee. Es que Martí logró un estilo, una manera peculiar de expresar sus ideas tanto en la lengua oral como escrita. Pues, el estilo de un escritor es su sello personal; es la manera propia que tiene de hacer y expresarse como individualidad humana y como sujeto social, lo cual se acentúa aún más en escritores y artistas cuya personalidad se revela con gran fuerza en toda su creación. Pero en Martí se integran esas cualidades y algo más; fue un pensador profundo, un político con visión de futuro y un sociólogo atinado.
SEGUNDO: la complejidad de la escritura de José Martí que es reconocida por los especialistas que se han dedicado y se dedican al estudio de este tema. Hay consenso sobre que lo que caracteriza su manera de escribir es la conjugación de elementos diversos, lo cual hace que el lector común al enfrentarse al texto martiano, muy frecuentemente, encuentre una barrera: la sintaxis, la manera peculiar de componer el período oracional en el cual son frecuentes las extensas oraciones psicológicas y el uso, muy marcado, del hipérbaton; por ello la lectura de la prosa con estas características se torna difícil, si el lector no está bien entrenado y conoce estos rasgos del uso del lenguaje en José Martí. A pesar de ello, hoy contamos con anécdotas sobre la magia del verbo martiano que han pasado a ser antológicas, porque nos hablan del poder de persuasión que tenía José Martí. Así lo confirman los ejemplos siguientes:
(…) Un mambí exclama: “¡No lo comprendíamos, pero estábamos dispuestos a morir por él! “ Otro asegura: “Me glorifico de haber nacido tan solo por placer de haberlo oído”.Un tercero, capitán del Ejército Libertador, declara:” Su decir era prodigioso sus palabras parecía que venían de un ser sobrenatural”, (5)
En su discurso del 10 de Octubre de 1990, Martí expresó:” Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están demás cuando no fundan… “ (6)
Hay en estas ideas una tácita alusión a su propia manera de de escribir, tiene conciencia de que su estilo causa asombro, tanto por las ideas como por la forma; por eso aclara:
“De esmerado y pulcro han motejado algunos el estilo de algunas de las sencillas producciones que vieron la luz en nuestro número anterior”.(7) Se está refiriendo al primer número de la Revista que había fundado en Venezuela en 1881. Y, seguidamente, se pregunta: “¿cuándo empezó a ser condición mala el esmero? Solo que aumentan las verdades con los días, y es fuerza que se abra paso esta verdad acerca del estilo: el escritor ha de pintar, como el pintor. No hay razón para que uno use de diversos colores y no el otro. Con las zonas se cambia de atmósfera, y con los asuntos de lenguaje. Que la sencillez sea recomendable, no quiere decir que se excluya del traje un excelente adorno.” (8)
En su manera de emplear el lenguaje Martí combina lo puramente castizo con nuevas maneras de expresión; por eso es que en toda su escritura podemos encontrar, indistintamente, arcaísmos y neologismos; ideas cuya elaboración se hace a través de la síntesis, la sentencia, lo aforístico, provocando una sintaxis breve y concisa; y otras, en las que se acude a una construcción de carácter argumentativo y, por tanto, la sintaxis es extensiva, por el uso de la subordinación, como el elemento gramatical fundamental en la estructuración del período u oración psicológica. En síntesis, en la prosa martiana se combinan los períodos largos y breves o cortos, según prefiera el autor, a la hora de comunicar con la intención de que llegue al destinatario lo más clara y precisa posible.
Conocedor profundo de la lengua española, Martí pudo manejarla con la soltura que nadie ha podido igualar, ni entre los contemporáneos suyos ni después; en este sentido, Martí no ha tenido continuador.
Para él la precisión en el lenguaje es de suma importancia: “el lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de cuajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea.” (9)
En estas palabras subyace la voluntad, la decisión consciente que lleva a José Martí a escribir de la manera que lo caracteriza; por eso es que logra acuñar ese estilo que lo identifica en la misma medida que lo enaltece, a tal punto, de haber sido considerado como el latinoamericano que podía satisfacer la audiencia de un público universal.
Principales rasgos de la prosa martiana:
Riqueza léxica: utiliza la palabra convenientemente, lo que sugiere al lector un mundo deposibilidades interpretativas;
La iteración de palabras y estructuras como recursos que permiten enfatizar en las ideas que desea subrayar;
Uso muy original de la puntuación;
Combinación de cláusula extensa: justificación, causa-efecto, comparación, contraste, ejemplificación (estilo profuso); con fases sentenciosas, muy sintéticas.
El uso de símbolos (luz, estrella, Sol, yugo, alas), colores (azul, blanco, negro oro), objetos de material precioso (porcelana, mármol, ónice), todo ello en correspondencia con la estética modernista que él preconiza, inicia y desarrolla, pero con características propias;
Alto valor poético por la forma en que se construye (arquitectura) y la riqueza tropológica: símbolos, metáforas, alegorías; imágenes cromáticas, auditivas y sinestésicas que le aportan un valor pictórico al texto; el uso preciso del símil, el epíteto, la prosopopeya y la sinécdoque, entre otros recursos del lenguaje literario;
Presencia de la intertextualidad como expresión de la amplia cultura del autor y de su talento creativo;
Uso marcado del polisíndeton y el hipérbaton en la construcción de la cláusula, lo cual provoca que la sintaxis resulte compleja.
Los dos fragmentos siguientes, tomados de un mismo texto, sirven de ejemplos para demostrar el contraste entre una sintaxis muy sintética (período corto), y la sintaxis extensa (período largo) muy usado en la prosa martiana: (10)
a) “Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria”.
“No hay proa que taje una nube de ideas”;
“¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!”
“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”;
“Lo que quede de aldea en América ha de despertar”;
b) “Con los hábitos monárquicos y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por Sur. Cuando los dos héroes chocaron y el continente iba a temblar, uno, que no fue menos grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela fina de la especie y el peso de lo real, el edificio que había izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza; en los pueblos de piernas desnudas y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota de potro, o los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó en el alma de la tierra, desatada a la voz del salvador, con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella…” (11)
Puede observase cómo en un mismo texto se utilizan dos maneras opuestas de construcción sintácticas; en el primer ejemplo, la economía de palabras hace que de condense al máximo la carga semántica de la comunicación; el sentido profundo hay que descubrirlo, y para ello el lector necesita tener conocimientos sobre la historia de América y otros aspectos de cultura general, lo que le permitirá poder establecer las posibles relaciones intertextuales que contribuirán a una mejor decodificación del mensaje y, como resultados de ello, a una clara comprensión de lo leído. En el segundo caso, aunque el estilo tiene un rasgo diferente, que es, desde el punto de vista gramatical, el uso continuado de las oraciones subordinadas, lo que hace que se extienda el período sintáctico. Si el lector no conoce estas características de los textos martianos; si no está familiarizado con la lectura de textos martianos, le resulta bastante difícil la comprensión de los mismos.
Un ejemplo del uso que hace Martí de la iteración y el polisíndeton (uso consecutivo de la conjunción copulativa “y“), como recursos de construcción textual, es el siguiente:
“(…) con cascos de oro muy labrados en le cabeza, y alas en la cintura, cuando son generales, y dos plumas muy largas en el casco, si son príncipes: y si son gente así, de mucho poder, no se sientan en las sillas de siempre, sino en sillas muy altas. Y cuentan, y pelean, y sudan, y conversan, hacen que toman té, y entran por las puertas de la derecha, y salen por la puerta de la izquierda: y la música toca sin parar, con sus platillos y su timbalón y su clarín y su violinete; y es un tocar extraño, que parece de aullidos y de gritos sin arreglo (…) pero no se ve que tienen un tono triste cuando se habla de muerte, y otro como de ataque cuando viene un rey de ganar una batalla, y otro como de procesión (…) y otro como de truenos…” (12)
Los elementos que se han tomado en consideración en este pequeño artículo, nos permiten afirmar que:
La originalidad de la prosa martiana está dada en el modo peculiar del autor para integrar los factores: léxico, semántico, sintáctico y estilístico en el uso de la lengua española, muy en correspondencia con sus presupuestos estéticos y éticos de José Martí.
Ante la prosa martiana el lector no debe quedarse simplemente con lo informativo, o simplemente anecdótico, sino que debe tratar de sumergirse en lo profundo para sacar, de entre líneas, el verdadero sentido que adquieren las ideas expresadas en cada texto; y para ello necesita sistematizar la lectura de su obra en los diferentes géneros y, adquirir una preparación elemental en aspectos importantes de la teoría literaria y de redacción.
En cualquiera de sus páginas en prosa es fácil encontrar aquellas cualidades que permiten considerar a Martí como uno de los mejores prosistas en lengua hispana, de todos los tiempos.
Bibliografía
Dill Hans-Otto: “El ideario literario y estético de José Martí”, en revista Casa de las Américas, La Habana, 1978.
Domínguez Hernández, Marlen A. Lengua y crítica en José Martí. La Habana, Editorial Pablo de la Torriente, 1989.
Jorge, Elena. José Martí, el método de su crítica literaria. Ciudad de la Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984.
Letras. Cultura en Cuba 2. Ciudad de La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1990.
Martí, José. Páginas escogidas. Tomos I y II. Selección y prólogo de Roberto Fernández Retamar. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1974.
NOTAS
1. Martí, José. O.C. Tomo 21. P.
2. __________.O.C Tomo 19.p.271
3. ___________O.C. Tomo 21.p.167 y Tomo 17.p.234
4. ___________O.C. Tomo20.P.125
5. Vitier, Cintio. Vida y obra del Apóstol José Martí, CEM, 2006.pp.104-105. Apud. Manuel Ferrer Cuevas. “ Ante los restos de Martí, en Revista Cubana, julio 1951-dic.1952.p.165
6. _________. Ob. Cit. P.82.
7. Martí, José. Ensayos sobre Arte y Literatura. Ciudad de La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1979, p. 49
8. Ibidem
9. Martí, José. O.C. Tomo. XXI.p.225.
10. Todos los fragmentos seleccionados para ejemplificar han sido tomados del ensayo “ Nuestra América”, en: José Martí: Páginas Escogidas. Tomo I, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1974, pp.157-162.
11. El subrayado es de la autora.
12. Tomado de “Un paseo por la tierra de los anamitas”, en José Martí: La Edad de Oro. Ciudad de La Habana, Editorial Gente Nueva, 200, p.218.
TOMADO DE: http://www.eumed.net/rev/cccss/04/rlbv.htm
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